sábado, 21 de mayo de 2016

Lluvia Artificial en Emiratos Árabes Unidos

Los planes están siendo modelados por los EAU ( Emiratos Arabes Unidos ) para construir una montaña y nubes de semillas por encima de ella con el fin de hacer frente a una grave escasez de agua. Esto no es necesariamente geoingeniería (modificación de las condiciones meteorológicas extremas tal vez), pero el pensamiento detrás de él refleja el enfoque equivocado de ser llevado a la lucha contra el cambio climático, presentado desde que se firmó el Acuerdo de París. 

 De la misma razón por la que las emisiones de gases de efecto invernadero, reduciendo drásticamente ahora es mucho más seguro que habrá una solución eficaz al problema del cambio climático que el futuro geoingeniería, o depender de las tecnologías de emisiones negativas no probadas para equilibrar los balances de carbono en la segunda mitad del siglo, sin duda enormes esfuerzos de conservación de agua son mucho más propensos a tener éxito en la lucha contra la escasez de agua que tratar de diseñar la geografía para hacer que llueve más? 

El siguiente artículo es un buen resumen de los argumentos en contra de la nueva montaña de los EAU.

De la web Geomonitor

por Alissa Walker ( Gizmodo )

Suena como la trama de un éxito del verano, pero los Emiratos Árabes Unidos es aparentemente bastante serio la construcción de una montaña para aumentar las precipitaciones en la región. 
 ¿Funcionaría? Probablemente. Pero en lugar de poner en marcha un proyecto de infraestructura en un país muy rico intenta cavar su salida de una sequía, los EAU tiene que tomar en serio la conservación de sus aguas.
 
La ciencia detrás de una montaña de lluvia de decisiones no es tan descabellada. El aire húmedo que llega en la brisa del mar estaría atrapada por el accidente geográfico-humana esculpida, lo que obligó a la atmósfera donde se enfriaría, condensarse en nubes, y, finalmente, con suerte! CAÍDA en forma de lluvia. Este es el fenómeno conocido como una sombra de lluvia, donde un lado de una zona montañosa ve más precipitación (y el otro lado ve menos).
 
En este momento, un equipo de científicos de la atmósfera son determinantes de la viabilidad de tal compromiso. La Corporación Universitaria para la Investigación Atmosférica (UCAR) y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) -tanto organizaciones son de fiar-aconsejando sobre el proyecto, que se encuentra en la " modelización detallada de fase". Por supuesto, eso significa que el equipo podría decidir que todavía no es una gran idea. Y esperemos que hacen.
 
No se puede negar el hecho de que una gran franja de Oriente Medio se encuentra en medio de una crisis de agua. Un informe reciente predijo que partes de la región serán inhabitables para el año 2050 debido al calor extremo agravada por el cambio climático, por lo que el problema es probable que sólo va a empeorar. Pero esto parece la manera incorrecta de ir sobre la solución de ese problema, especialmente cuando los EAU no ha hecho mucho para instar a sus residentes para utilizar menos agua. De hecho, estas cifras de la International Business Times son bastante preocupante:
El residente promedio de EAU utiliza un estimado de 550 litros de agua al día en comparación con la media internacional de 170 a 300 litros al día, de acuerdo con el Agua y Federal de Electricidad.
De acuerdo con un informe del Centro de Estudios de Al Jazeera , la demanda de agua en la región ha aumentado en un sorprendente 140 por ciento, cuando los recursos son "ya disminuyendo debido a las sequías, la escasez de precipitaciones y el clima predominante."
550 litros es de unos 145 litros por persona por día, una cantidad que es astronómicamente alta. En California, donde el gobernador Jerry Brown emitió estrictas medidas de conservación en 2015, casi todos los distritos fue capaz de cortar el agua a muy por debajo de ese número. Después de un año, todo el estado se utilizaba el 23,9 por ciento menos agua que el año anterior.
 
Los EAU no es conocido por escatimar en la infraestructura ostentosa. Tiene el edificio más alto del mundo (por ahora) y un puerto lleno de islas artificiales en forma de palmera . Pero tiene una inclinación por la introducción de soluciones llamativos, económicamente cuestionables para cívicos problemas de recordar el paquete de chorros bomberos reclutados para apagar sus rascacielos quema ? La construcción de una montaña para resolver una sequía no tiene mucho sentido, pero no caber marca de los EAU. Estoy seguro de que hará un gran atractivo turístico cuando no está poniendo hacia fuera lluvias torrenciales (que, para ser honesta, será la mayor parte del tiempo).
 
Pero eso es lo más desordenado sobre esto. Montaña de montaje rápido, al igual que su hermano pequeño, la siembra de nubes -es no sólo es una solución temporal caro para un problema más grande, tampoco es una cosa segura.

  Cuando la situación empeora, ¿qué ocurre entonces? Construir otra montaña?
No hay realmente un único esquema de get-húmedo rápida que ha demostrado que funciona. Deje de usar tanta agua maldita.

domingo, 10 de abril de 2016

Plutón formación geológica inusual



 PLUTÓN FISURAS QUE ASEMEJAN A UNA ARAÑA GIGANTE

08 de abril 2016.-La imagen, obtenida por la nave espacial New Horizons de la NASA el 14 de julio de 2015, representa una formación geológica inusual en Plutón que se asemeja a una "araña gigante", informa este jueves la agencia espacial.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Arquitectura Casa como Casino de Mónaco

28 de febrero 2016
Ubicado en los Angeles al oeste en el barrio Bel Air en EUA. 

Nilo Niami, productor de cine y promotor inmobiliario, pretende vender la casa que esta construyendo en  por lo menos US$500 millones de dólares.

El inmueble en construcción es un complejo residencial de 6.900 metros cuadrados distribuidos en una casa principal y tres casas pequeñas. Solo la suite principal cuenta con 500 metros cuadrados. Niami declaró a Bloomberg que la casa será como un lujoso casino de Mónaco.

 


lunes, 4 de enero de 2016

Ley del Espacio Explotación de metales en asteroides

Los metales preciosos  presentes en la corteza de nuestro planeta son el resultado de un bombardeo de asteroides que se produjo más de 200 millones de años después de que se formara la Tierra, según un estudio publicado hoy en la revista Nature. Investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido) llegaron a esta conclusión tras comparar la composición de rocas de casi 4.000 millones de años de antigüedad halladas en Groenlandia con la de muestras más modernas. Estas rocas tan primitivas son una oportunidad única para conocer la composición de la Tierra poco después de la formación del núcleo y antes del bombardeo de meteoritos.

El profesor Matthias Willbold y sus colegas midieron los isótopos de tungsteno de las rocas y comprobaron que la composición del manto terrestre cambió después del bombardeo de meteoros hace unos 3.900 millones de años, unos 650 millones de años después de la formación del Sistema Solar. "La mayoría de los metales preciosos sobre los que se basan nuestras economías y muchos procesos industriales clave se añadieron a nuestro planeta por una feliz coincidencia cuando la Tierra fue alcanzada por miles de millones de toneladas de asteroides", señaló Willbold.

Los resultados de las mediciones apoyan la teoría de que la lluvia de meteoros, que también es responsable de muchos de los cráteres de la Luna, aportó esta capa de materiales preciosos después de la formación del núcleo, lo que explicaría la sorprendente abundancia de estos metales cerca de la superficie de la Tierra.

El tungsteno (W) que se usa para fabricar los filamentos de las bombillas es un elemento muy raro (un gramo de roca contiene una diez-millonésima parte de un gramo de tungsteno) y, como el oro y otros metales preciosos, debería haberse integrado en el núcleo cuando éste se formó. Como muchos otros elementos, el tungsteno está compuesto de varios isótopos, átomos con unas mismas características pero masas ligeramente diferentes. Los isótopos son huellas fiables del origen de los materiales y la lluvia de meteoritos sobre la Tierra debió influir en la composición isotópica del tungsteno. Willbold observó una reducción de 13 partes por millón en la relativa abundancia del isótopo 182W entre las rocas de Groenlandia y las actuales. Este pequeño pero significativo cambio concuerda con la teoría de que las reservas de oro accesibles en la Tierra son una consecuencia del bombardeo de meteoritos.
"Extraer el tungsteno de las muestras de roca y analizar su composición isotópica con la precisión necesaria fue muy difícil debido a la mínima cantidad de tungsteno presente en las rocas. Somos el primer laboratorio que ha logrado con éxito realizar mediciones de tan elevada calidad", aclara Willbold. 
El próximo desafío para los científicos será estudiar cuánto tardaron estos procesos geológicos, que formaron los continentes y concentraron los metales preciosos y el tungsteno en depósitos de metales que son extraídos hoy de las minas.
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24 de enero 2013.-
Dos empresas proyectan la viabilidad  como misión de  explotar minerales en los asteroides, estas empresas son Deep Space Industries y Planetary Resources.


El plan de Deep Space Industries consiste en enviar una flota de naves espaciales a asteroides que surcan el sistema solar.

 Estas naves, que la compañía llama Fireflies (luciérnagas), usarían componentes de bajo costo de un tipo de satélite de pequeño tamaño y poco peso conocido como CubeSat, y para llegar al espacio aprovecharían el lanzamiento de grandes satélites de comunicación.

 Los Fireflies tendrán un peso de 25 kg y se lanzarán por primera vez en 2015 en viajes que durarían entre dos y seis meses. Posteriormente, la compañía pretende lanzar unas naves de mayor tamaño llamadas Dragonflies (libélulas) que realizarían viajes de ida y vuelta para traer las muestras a la Tierra.

Estas expediciones durarán entre dos y cuatro años, dependiendo del objetivo, y se estima que recolectarán una cantidad de metales que puede oscilar entre los 25 y 70 kg.

La otra empresa Planetary Resources, que cuenta con el apoyo de inversores millonarios como Larry Page y Eric Schmidt de Google, el ejecutivo del sofware Charles Simonvi y el director de cine James Cameron.

Esta compañía quiere empezar lanzando telescopios dedicados a identificar asteroides adecuados para la explotación minera y algunos científicos se mostraron bastante escépticos respecto a la viabilidad de explotar minerales de asteroides.

Según dicen, una próxima misión de la NASA para traer a la Tierra 60g de material recolectado de un asteroide costará cerca de US$1000 millones de dólares.
Sin embargo, estas compañías dicen que la idea del proyecto es destinar la mayoría de los materiales recolectados a su uso en el mismo espacio, ahorrándose así el costo del combustible que generaría volver y salir constantemente de la Tierra.

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21 de noviembre 2013.-

 Dentro de tres años, dos firmas planean misiones de prospección a asteroides en órbita. Cuando incluso una modesta roca del espacio podría cubrir la demanda de metales como el platino o el oro por siglos, no resulta sorprendente que los escritores hayan fantaseado por mucho tiempo que fomentar las riquezas cósmicas podrían generar fortunas en la Tierra.


Pero como no hay manera de bajar mineral o metales de los cielos, nuevas empresas que tienen el respaldo financiero de algunas serias -y realmente ricas- figuras empresariales, así como el interés de la NASA, se enfocarán en utilizar minerales espaciales en “estaciones de gas” interplanetarias o construir, respaldar y fomentar colonias en Marte.


Podrá haber oro allá arriba, pero por ahora el agua es la atracción para los inversores que están dispuestos a hacer despegar a la nueva industria.


Los Gobiernos consideran que tiene futuro y la NASA tiene un proyecto que podría ubicar a astronautas en un asteroide en menos de una década y en Marte en la década del 2030.


Y si el costo parece elevado, a los pesimistas suele decírseles que un día las nuevas habilidades podrían simplemente salvar a la raza humana de compartir la suerte de los dinosaurios, si podemos aprender cómo detener que un masivo asteroide impacte contra la Tierra.


“Somos visionarios”, declara el sitio de internet de Deep Space Industries (DSI), junto a la imagen de una estación de metal en forma de rueda conectada a una gigante roca flotante. Pero lo que las incipientes firmas estadounidenses llaman los primeros pequeños pasos de un largo camino para desarrollar los recursos del espacio, están por suceder.


Una prioridad es utilizar hidrógeno y oxígeno, los elementos del agua encerrada en componentes en los asteroides, para reabastecer los cohetes.


A inicios del 2016, los primeros satélites de exploración de DSI, más pequeños que las tostadoras, serán enviados al espacio en cohetes que portarán otras cargas y comenzarán a explorar rocas adecuadas.


El mismo año, otra compañía estadounidense, Planetary Resources, espera lanzar naves de prospección en busca de asteroides viables.


“Son las opciones más factibles del sistema solar”, dijo Eric Anderson, ingeniero aeroespacial estadounidense y cofundador de Planetary Resources, que cuenta con Larry Page de Google y el multimillonario Richard Branson de Virgin entre sus patrocinadores.

“Simplemente están ahí y no son difíciles de alcanzar ni de abandonar”, dijo a Reuters.


Metales
Los meteoritos -restos que sobreviven y caen a la tierra luego de que los asteroides se desintegran en la atmósfera- ofrecen significativas cantidades de metales preciosos como platino, rodio, iridio, renio, osmio, rutenio, paladio, germanio y oro.

Planetary Resources estima que algunos asteroides ricos en platino de sólo 500 metros de ancho podrían contener más que todas las reservas conocidas de los metales del grupo del platino. Estudios basados en observaciones y meteoritos sugieren que el espacio es incluso más rico en mineral de hierro.


La firma de investigación Bernstein, de Wall Street, destaca que un gran asteroide llamado 16 Psyche, en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter y con una extensión de 200 kilómetros de ancho, podría contener suficiente mineral de níquel para cubrir la actual demanda humana por millones de años.

Pero los costos y los obstáculos técnicos descartan que los recursos sean traídos a la tierra en el futuro inmediato, según expertos. El valor real de la explotación minera en asteroides es fomentar más viajes al espacio- y que las reservas de hidrógeno y oxígeno sean tan atractivas como cualquier metal. 
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04 de Enero 2016

"Ley del Espacio" firmada en 25 noviembre 2015

Marco legal para la explotación de metales en el espacio esta aprobada en Estados Unidos, lo que permitira a las empresas continuar con sus proyectos de explotació.

Las compañías están invirtiendo dinero y tiempo en desarrollar sondas capaces de acercarse a un asteroide y explotar sus recursos o desplazándolo de su órbita

Empresas como SpaceX u Orbital ATK con misiones de carga a la Estación Espacial Internacional y planes más allá de la orbita terrestre. Otras empresas  Deep Space Industries (DSI), Planetary Resources

Fuente


¿ Minería en asteroide?

  • La expansión humana en el sistema solar ha sido severamente limitada por los requisitos de gastos y de la energía de lanzamiento de los materiales de la Tierra. La disponibilidad de suministros y recursos en el espacio cambiará fundamentalmente la economía de la exploración y colonización del espacio.
  • Cerca de asteroides de la Tierra (NEAs) contienen una gran cantidad de materiales útiles, tales como agua, metales y silicatos.
  • Hasta la fecha, los científicos y los astrónomos han descubierto más de 13.000 Near Earth Asteroids (NEAs).
  • Muchos de estos NEAs son energéticamente más fácil de alcanzar que la Luna y son lo suficientemente cerca de la Tierra que las misiones de ida y vuelta se puede completar en tan sólo seis meses.

¿La Minería es Factible en los Asteroides?

  • El éxito de las misiones como DAWN, Hayabusa y Rosetta han demostrado que la minería de asteroides es técnica y económicamente factible.
  • Los recientes avances en la tecnología de satélites nano han creado una gran cantidad de nuevas oportunidades para las empresas espaciales, siempre que el bajo costo, sistemas sólidos necesarios para las misiones de espacio profundo.
  • La minería en alta mar de la industria ha sido pionera en los métodos de extracción robóticos que operan en ambientes hostiles sin intervención humana. Estos sistemas son fácilmente modificados para su uso en el espacio.
  • Profundos Space Industries ha montado el más cualificado equipo en el mundo para cumplir esta misión. Con un enfoque en la tecnología de la ciencia y de vanguardia demostrado, DSI hará que la minería de asteroides en una realidad.
 Fuente
Empresa industrias en el espacio

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Antartida agujero de capa de ozono

 https://eia-international.org/wp-content/uploads/F-Sherwood-Rowland-Mario-Molina-1975-300x215.jpg
Julio 2007.-Mario Molina, junto con su colega F. Sherwood Rowland, predijo en 1974 que la capa de ozono se iba a reducir como consecuencia de la actividad humana; en concreto, de los gases clorofluorocarbonos o CFC, que hasta ese momento se consideraban benignos y que habían impulsado de manera definitiva la industria de la refrigeración y la de los aerosoles. Fue la primera prueba contundente de que el hombre tenía la capacidad de producir alteraciones de repercusión catastrófica en la Tierra. Su aportación, que culminaría con el premio Nobel de química en 1995, no se limitó a esto. Molina encabezó la primera revolución ecológica a nivel mundial, consiguiendo, en un lento proceso de concientización, que los gobiernos de todo el mundo apoyaran la prohibición –pactada con las empresas– de producir estos gases y su sustitución por nuevas tecnologías. Es en esta doble vertiente, como químico atmosférico reconocido a nivel mundial y como emblema de un logro ecológico, desde donde hablamos del cambio climático, el estatus de la ciencia sobre el tema y las perspectivas del futuro.
Mario Molina hace gala durante toda la entrevista de una sencillez y amabilidad dignas de los hombres verdaderamente sabios. Su gran preocupación, conciente del público de Letras Libres, es ser claro y accesible sin caer en la pura y llana pedagogía. ~

Desde que publicaron usted y Sherwood Rowland el artículo en la revista Nature, en 1974, sobre el daño en la capa de ozono por los gases CFC (clorofluorocarbonos), hasta el Protocolo de Montreal, de 1987, que los prohíbe, hubo un proceso mundial de concientización. ¿Cómo lograron que la opinión pública y los gobiernos se dieran cuenta del peligro y qué enseñanzas podemos obtener para abordar el reto del cambio climático?
Efectivamente, el caso de la capa de ozono es un antecedente importante. Cuando publicamos el artículo había menos conciencia general sobre la protección al medio ambiente que hoy en día. Desde este punto de vista, nos costó más trabajo. La dificultad inicial era que se consideraba nuestro problema muy esotérico, pues estábamos hablando de una capa invisible, aunque muy importante para el planeta, que nadie sabía qué era, y de la radiación ultravioleta, que la gente tampoco ve, y de gases también invisibles… No eran cosas del conocimiento común. Pero el hecho de que estuviéramos hablando de un problema a nivel global causado por actividades humanas fue quizá lo que llamó la atención en aquel entonces, y hasta cierto punto sí me sorprendió que hubiera una respuesta inicial significativa. 

Descubrimos, como humanidad, que teníamos la capacidad de perjudicar al planeta, y que nuestra responsabilidad era tratar de remediarlo. Y esto se reflejó –al menos en Estados Unidos, donde yo vivía en aquel entonces– en una parte de la sociedad, que fue la que respondió. Por ejemplo, empezaron a cuestionar los beneficios de las latas de aerosol, cuya solución, por cierto, no fue dejar de usarlas, sino sustituir sus compuestos dañinos. Lo mismo con el otro uso importante, que era la refrigeración. La lección importante en ambos casos es que no hubo una disminución de la calidad de vida para resolver este problema, sino simplemente una voluntad para enfrentarlo y algunos costos, que resultaron menores para la sociedad comparados con el inmenso daño potencial. La concientización en el mundo de los políticos, los que han de tomar decisiones, fue dispareja: algunos de ellos respondieron con fuerza y otros no le hicieron caso. De ahí la importancia del papel que tuvieron los medios de comunicación. Inclusive en un programa de televisión, muy visto en aquel entonces, que se llamaba All in the Family, uno de los actores habló de este problema y de cómo deterioraba al mundo. Ese tipo de cosas la gente las ve y responde. Eventualmente, lo que tuvo éxito fue que la reacción inicial de los gobiernos evolucionó de tal manera que, cuando ya era hora de tomar decisiones –esto fue ya hasta los años noventa, después de la firma del Protocolo de Montreal–, ya había incluso competencia entre las naciones para responder al problema. Se trataba de la primera revolución ecológica a nivel global amparada en datos científicos. En el caso del cambio climático, el problema es más difícil de resolver, y aún nos falta un largo camino por recorrer.
 ¿Llevaron una estrategia de medios o fue improvisándose sobre la marcha?
Fue improvisándose desde el punto de vista de que mi colega, Sherwood Rowland, y yo éramos los únicos que defendíamos esa tesis y no teníamos experiencia. Yo aprendí con cierta rapidez a comunicarme con los medios, a poder explicar cuál era la gravedad del problema, y de una manera inteligible para la gente. Así es que fue una mezcla de corresponder a lo que se estaba difundiendo a través de los medios, y de trabajar de manera activa con los que tomaban las decisiones –nos empezaron a invitar a hacer declaraciones en el Senado y en la Cámara de Representantes de Estados Unidos–, y también a través de instituciones profesionales: la Sociedad Química, la Academia de Ciencias, sociedades de mucho prestigio que estaban apoyando la veracidad de una hipótesis que sólo después se comprobó experimentalmente. 

En estos casos, una de las dificultades está en distinguir lo cierto y comprobable respecto de las especulaciones. Hay mucha charlatanería y profetas del Apocalipsis. Por ello fue importante tener el apoyo de estas reconocidas instituciones.
Por cierto, un antecedente fue el descubrimiento de que el uso del DDT como pesticida en el campo tenía efectos secundarios en el medio ambiente. La novedad con el ozono es que el problema era claramente global, y el DDT era más bien un problema de los países que podían industrializar al máximo su producción agrícola.

La investigación, el descubrimiento, la sensibilidad social y de los medios sobre la capa de ozono fue algo fundamentalmente norteamericano. ¿Qué pasó en esa sociedad para pasar de la vanguardia en las reivindicaciones ambientales al furgón de cola, como demuestra el rechazo del Protocolo de Kioto?
Con el cambio climático, la postura de la ciencia, hasta quizá meses muy recientes, estaba mucho menos avanzada de lo que logramos con la capa de ozono. Y además, hubo una campaña muy fuerte en Estados Unidos, sobre todo de empresas petroleras, para evitar restricciones sobre los combustibles, con estrategias que sí tuvieron mucho éxito al cuestionar el factor humano como determinante del cambio climático. La mayoría de la gente en Estados Unidos pensaba, hasta hace poco, que esto era o bien una exageración sobre el futuro o algo muy cuestionable, mucho menos verificable que el agujero en la capa de ozono. Una de las respuestas que he estado usando ante esa situación es que, incluso si se aceptara que no haya certidumbre absoluta sobre estas predicciones, un análisis de riesgo elemental nos dice que no parece sensato desatenderla, dada la magnitud de sus consecuencias potenciales. La evaluación de este riesgo ya no es un privilegio de los científicos. El científico puede comunicar cuál es la probabilidad de que pase esto o aquello en la Tierra, pero es la sociedad en su conjunto la que decide si se va a correr el riesgo o no, y si vale la pena pagar el costo necesario para evitarlo

Creo que en Estados Unidos, a pesar de esta campaña exitosa de las grandes empresas petroleras, en los últimos meses cambió la situación claramente y vuelve a ser, desde el punto de vista del porcentaje de la población, un país muy importante en su preocupación por el problema. Claro que tenemos circunstancias muy especiales, ya que la Administración del presidente Bush fue parte integral de esa postura “negacionista”. Su principal excusa para no ratificar el Protocolo de Kioto es que los países en desarrollo no adquieren compromisos en esa primera fase del Protocolo, que por otro lado solamente tiene la intención de mostrar liderazgo, no de resolver el problema. Pese a ello, el Protocolo de Kioto se ha aceptado a nivel local: por ejemplo, el Estado de California tiene su propia versión, así como muchas ciudades. Hay proyectos de ley en el Senado y el Congreso en ese sentido, tanto de demócratas como republicanos, y la expectativa es que haya una contribución importante de Estados Unidos en un futuro próximo. Lo interesante es que la duda, desde el punto de vista científico, ya no es sostenible; ahora la excusa es que es demasiado caro enfrentar el problema, o que los norteamericanos saldrían perdiendo, o que todos deben participar. Ya no se está cuestionando la ciencia, lo cual es un gran paso adelante. Y allí, la opinión creo que más aceptable, y lo que ha tenido más repercusión, es el Informe Stern, encargado por el gobierno de Inglaterra, que afirma que puede haber incertidumbres, pero que sale mucho más barato prevenir el problema y tomar las medidas necesarias para enfrentarlo que esperar a ver si los daños que se aducen acaban siendo reales o no.

Hay una corriente de opinión que todavía niega el factor humano en el cambio climático. Se pueden sintetizar sus posturas en dos argumentos: uno, que el gran productor de dióxido de carbono es el mar y, por lo tanto, la incidencia humana es menor y el cambio climático no está determinado por ella; otro, que el gran transformador del clima es el Sol, que estamos en una etapa de explosiones internas de nuestra estrella, y que eso produce los cambios. ¿Cómo refuta usted estas hipótesis?
Es muy sencillo, porque ésa es la parte científica. Fundamentalmente es falta de información de la gente que mantiene estas posturas. Y es típico, inclusive de algunos científicos, pensar que los fenómenos climáticos que estamos observando hoy en día son naturales, pues el clima siempre ha cambiado y va a seguir cambiando. Por otro lado, las fuentes del dióxido de carbono son muy fáciles de identificar, y hay tantas mediciones que se ha establecido sin duda alguna que tenemos más dióxido de carbono del que ha habido en el último medio millón de años, lo que es ya un tiempo geológico, y que tenemos la temperatura más alta de los últimos mil años. Todo esto resulta de las observaciones de un proceso científico muy riguroso, no es nada más que alguien lo invente, y su incertidumbre es mínima: se ha establecido que no hay indicio de que las emisiones naturales hayan cambiado profundamente en los últimos años, salvo ahora. Y además se han podido medir las emisiones marinas directamente, y no son responsables del el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera. No hay que imaginar nada. El hecho de que este aumento viene de actividades humanas se comprueba con mediciones.

Lo fundamental es que sí hay una teoría del clima bien establecida, con las incertidumbres lógicas de un sistema tan complicado como el climático. Se sabe, gracias a los núcleos de hielo, con burbujas de aire atrapado, la composición química de la atmósfera del planeta y la temperatura, con mucha precisión, del último medio millón de años, y en este periodo, sabemos cuándo hubo épocas glaciales y cuándo no. Naturalmente, lo que dispara los cambios fuertes de clima entre una época glacial y otra interglacial no es el Sol, sino variaciones en los parámetros de la órbita de la Tierra, algo muy bien entendido por la mecánica newtoniana y que tiene una frecuencia calculable, que corresponde a periodos de diez mil, cuarenta mil y cien mil años. 

Pero esas variaciones –éste es el punto sutil– no representan una diferencia sustancial en la cantidad de energía que llega a la Tierra, y el cambio fuerte en el clima se explica por un proceso subsecuente de amplificación, donde el dióxido de carbono tiene un papel muy importante. Es decir, si vemos con detalle las mediciones, vemos que primero cambió el clima y después cambió el dióxido de carbono, pero eso no quiere decir que éste no sea importante para el cambio del clima. Los “negacionistas” no entienden que hay dos mecanismos para cambiar el clima: uno es el cambio de estos parámetros orbitales y otro, el cambio de la composición atmosférica.

 En resumen, el hecho es que, en una escala de siglos o milenios, sabemos estadísticamente cómo y por qué ha cambiado el clima, y no hay ninguna razón, con ese conocimiento, de que de repente haya un cambio en estas últimas décadas, porque en todo caso, en los próximos mil o diez mil años, habrá una tendencia a un enfriamiento lento, no hacia un calentamiento. Por otra parte, ha habido avances muy importantes en la física del Sol, y sabemos que hay ciclos de once años del astro, de las manchas solares, etcétera, y hay mediciones indirectas de cómo ha cambiado su intensidad. Sí sabemos que en los muchos millones de años de evolución de la vida en la Tierra, el Sol ha provocado cambios importantes, pero no con la velocidad con la que se están dando los cambios actuales.

¿Cuál es el papel que desempeña en este proceso de refutación científica el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés)?
El IPCC, en el que participé, no hace investigación, sino que resume lo que se ha publicado en la bibliografía especializada, y lo evalúa. Funciona como filtro y como amplificador. Así, si alguien saca por ahí un artículo en un periódico con una ocurrencia extraña, pero sin peso científico, el IPCC lo desecha. El filtro está muy bien establecido por la comunidad científica: tiene uno que publicar en revistas especializadas y esas publicaciones están a su vez revisadas y evaluadas. El mundo científico se autorregula. A través de este proceso, el IPCC concluye que el origen de la variación del clima producto del Sol es cuando mucho del diez por ciento de los cambios ocasionados por actividades humanas. Esta conclusión está apoyada por numerosos estudios cuantitativos, tanto del clima comode la físca del sol.
Otro riesgo adicional es que, una vez que el clima cambia por razones no naturales, entra en una fase exponencial; es decir, se va a acelerando cada vez más y más. ¿Es cierto este riesgo?
Sí, y es por lo siguiente: hay un problema de escalas de tiempo, y es que el sistema climático responde con un cierto rezago a la acumulación de gases contaminantes emitidos a la atmósfera. Por esto, los efectos en el clima tardan bastante tiempo en reflejarse. Todos los gases que ya emitimos en el siglo pasado están haciendo su efecto ahora, y se calcula que, aunque se mantuviera constante esta cantidad de gases, seguiría subiendo la temperatura por varias décadas, porque no hemos alcanzado aún su máximo efecto. Aquí, es muy importante reconocer que eso no quiere decir podemos esperar para decidirnos a actuar, a entrar en acción en la sociedad, porque resulta que, con esos análisis del clima, si seguimos emitiendo gases, a pesar de que su efecto no lo vamos a ver inmediatamente, nos estamos acercando a una situación de mucho riesgo. Ya estamos viendo los efectos, y se van a poner peor. No hay excusas para no tomar medidas ya, sin perder más tiempo.
¿Estaremos a la altura de este reto?
Yo creo que sí. La evidencia científica y el consenso social es que existe un problema serio que hay que atacar. La comunidad reconoce que no todos los efectos sobre el cambio del clima son negativos: hay ganancias en algunos países, pero el saldo general es claramente negativo. Además –esto ya no es ciencia, sino más bien sociología–, la sociedad se ha vuelto muy vulnerable. Si hubiera cambiado el clima o se hubieran inundado algunas regiones hace tres o cuatro siglos, la gente habría emigrado, pero esto ya no es posible: somos demasiados y no hay manera de caber en otro sitio. Y además, estamos ya acostumbrados a un clima muy estable, que es como ha progresado la humanidad en los últimos diez mil años, con un clima extraordinariamente estable. Desde ese punto de vista, resulta arriesgado tener cambios, sobre todo cambios impredecibles: que de repente se dispare algún factor importante. A pesar de que haya beneficios aislados, el primer paso es reconocer que esto es un problema, sobre todo para los países pobres, que no tienen los recursos para enfrentar algo así. Como hay globalización, si sobrevienen crisis en los países pobres, tarde o temprano repercutirán en los ricos. Incluso desde el punto de vista del interés económico, se trata de un riesgo muy serio.
Pero soy optimista, porque creo que ya la evidencia está clara, a pesar de que haya grandes barreras y grandes dificultades. Por ejemplo, los países en desarrollo, como China y la India, están muy preocupados de que estas medidas limiten su desarrollo económico. Lo cierto es que ya no pueden alcanzar el desarrollo de la misma manera en que lo han hecho hasta ahora los países ricos, destruyendo el ambiente y contaminándolo. Por otro lado, sí es posible que continúen su desarrollo afectando poco al medio ambiente y al clima, si los países ricos cooperan con ellos, con los países en desarrollo, y si desvían recursos en su favor –y aquí está otro precedente importante sentado por el Protocolo de Montreal.

Tenemos, pues, la verdad científica. Pero ¿existe la tecnología para ello?
Sí y no. Sí, porque las opiniones más fundamentadas afirman que tenemos tecnologías ya para seguir funcionando los próximos treinta, cuarenta o cincuenta años, limitando mucho las emisiones contaminantes. Esto quiere decir que usemos más energía renovable, que usemos la energía mucho más eficientemente, etcétera. Y no, porque es importantísimo que haya un esfuerzo bastante más fuerte para desarrollar tecnologías nuevas, porque no tenemos todo el siglo, sino nada más varias décadas. Toma mucho tiempo el desarrollar tecnologías nuevas y que se masifiquen. Pero por eso soy optimista, porque ya hay muchos avances, incluyendo la energía nuclear, que es muy controvertida, pero que con un poco de esfuerzo se puede hacer mucho más segura y limpia de lo que ha venido siendo, minimizando los problemas que conlleva su uso.


¿Cuál es su postura sobre el etanol, que ha sido tan polémico?
Sobre eso no se puede dar una respuesta sencilla, porque está en proceso de estudio. Parte de la solución está en incrementar el uso de energías renovables, así como otra parte está en seguir usando, con mucho más cuidado, los combustibles fósiles, pero en la medida de lo posible atrapando las emisiones y reinyectándolas en los pozos petroleros. Fuera de eso, hay que usar otras fuentes de energía: la eólica, que funciona bien en algunos países; la solar, que sobre todo aquí en México no hemos aprovechado, pero que tiene un gran potencial, y los biocombustibles. Aunque los biocombustibles han resultado más complicados de lo que se había anticipado en un principio, porque tienen desventajas potenciales, y se reflejan muy bien en este caso. Ante todo, el problema es que los combustibles fósiles son muy baratos, así que el etanol sólo empieza a tener competitividad si se produce a bajo costo o si se subsidia fuertemente. No tiene sentido sustituir cultivos que producen alimentos, que están rindiendo económicamente bien, por algo masivo que rinde mucho menos. Hay, pues, una serie de condiciones para que el etanol funcione. La primera es que no compita con la producción de alimentos. La segunda, que no se usen tierras nuevas, en las cuales haya que destruir bosque y selva. La tercera es que se haga un análisis específico, para que el resultado neto de la producción de etanol no sea dañino para el medio ambiente. Lo paradójico del etanol es que, aunque en principio tiene la ventaja de aprovechar la energía del Sol y absorber el dióxido de carbono de la atmósfera, cultivar el maíz para producirlo, al menos en Estados Unidos, requiere igualmente de mucha energía de combustibles fósiles (tractores, fertilizantes, máquinas recolectoras), lo que no reporta ningún beneficio neto, o incluso es un poco peor que usar gasolina directamente, al menos en términos de emisiones.
Algo muy interesante que se está investigando con mucha mayor atención es que, además del dióxido de carbono, hay otros gases, como el óxido nitroso, que es trescientas veces más potente que el dióxido de carbono (hay cantidades pequeñas que tienen un efecto muy grande). Ese gas se puede liberar en cantidades significativas utilizando fertilizantes sintéticos, lo que es contraproducente desde el punto de vista climático. La otra excusa, fundamentalmente histórica, es que en Estados Unidos se requirió el uso de oxigenantes, como el etanol, para bajar la cantidad de monóxido de carbono emitido por motores de combustión interna –las gasolinas–; pero, con las tecnologías modernas, los automóviles y el sector transportes ya no necesitan esos aditivos oxigenantes.

Por lo que infiero que su dictamen sobre el etanol es negativo...
Lo que pasa es que sí hay manera de hacerlo bien, pero tiene muchos condicionantes. Tenemos un ejemplo en el Brasil, donde sí es un beneficio ambiental. Sí es algo que se puede hacer, y en México deberíamos hacerlo, pero hacerlo bien. Lo que sería un error –que por fortuna ya evitamos– es que hubiera un requerimiento legal de ponerle cierto porcentaje de alcohol a la gasolina, como en Estados Unidos. Eso allí funciona porque hay un subsidio muy fuerte de la sociedad a la industria que produce el alcohol, y eso es lo que hay que evitar en México, que no haya un subsidio injustificado, porque esas cantidades de recursos se pueden usar mejor para otras cosas.
 El libro Una verdad incómoda de Al Gore ¿Pasa el exámen científico?
Sí lo pasa, porque Al Gore ya tiene muchos años de experiencia trabajando con científicos. Hace años se criticaba que decía cosas muy exageradas, y quizá en algunos puntos muy específicos se le pasa un poco la mano. Por ejemplo, no habla lo suficiente –pero esto son cuestiones personales– de los beneficios potenciales, pero en su conjunto lo que dice es básicamente el consenso de la comunidad científica. Sé –yo fui asesor suyo– que él, como vicepresidente, tuvo acceso a información confiable y objetiva. Lo que ha hecho es un gran trabajo de comunicación, con ayuda de los medios, que ha resultado de mucho impacto en Estados Unidos, y que empieza a tenerlo en el resto del mundo.

El DDT, los CFC, el tetraetilo de la gasolina, fueron grandes avances que permitieron ingentes transformaciones, y no fue hasta mucho más tarde cuando se vieron sus efectos dañinos. ¿No habría forma de predecirlos? ¿La ciencia siempre avanza por ensayo y error?
Sí ha habido un cambio importante en las sociedades, y es que somos ahora mucho más cuidadosos, examinamos con mucho más detalle los impactos potenciales de las innovaciones científicas y tecnológicas, y en general de las actividades humanas. Cuando nosotros sugerimos que el uso de estos gases, los CFC, dañaba la atmósfera, teníamos mucha menos experiencia que hoy. Con el avance de la ciencia, tenemos más probabilidades de que no haya sorpresas, por así decir, de daños al medio ambiente que no anticipamos. Pero siempre es posible que pase lo inesperado, por lo que debemos estar en alerta permanente, y concientes de hacer evaluaciones generales periódicas de todo uso nuevo.

Usted estuvo en un proyecto de estudio y control de las megaciudades, que es la gran transformación del siglo pasado. ¿Qué hacer, en términos ecológicos, con estos espacios urbanos casi infinitos?¿Tiene una lectura de lo que ha ocurrido en la ciudad de México?
La base del problema es un dilema entre la colaboración para mejorar la calidad de vida de todos, aun con restricciones, y una visión a muy corto plazo de que “mi beneficio personal” está por encima de lo demás. El ejemplo típico aquí es el tráfico, porque claramente vemos que cada vez hay más coches, y que la solución –no hay otra– tiene que ser una mezcla de mejorar el transporte público con restricciones al uso del automóvil. Si le preguntamos a un individuo si le parece bien que le pongan restricciones a su coche, va a decir que no. Tenemos también aquí el aspecto cultural que dice que, si tengo suficientes recursos para comprar un coche, lo compro y no voy a usar el transporte público. Pero desde el punto de vista de la comunidad, si funcionáramos como tal, nos daríamos cuenta de que nos conviene a todos aceptar los cambios necesarios: todos saldríamos ganando si nos ponemos de acuerdo en que haya restricciones adecuadas al transporte privado, y un transporte público más eficiente para que lleguemos mucho más rápidamente adonde tengamos que llegar, para que la nuestra sea una ciudad mucho más amable, etcétera. Aquí lo que hay son barreras para implementar medidas, porque ya sabemos qué es lo que hay que hacer.

Hay barreras políticas y personales, casi psicológicas.
Exactamente. Y esto sólo se puede resolver desde el gobierno, no con la mera buena voluntad de la gente –aunque eso sirve, y tiene que haber conciencia. Pero la mejor conciencia, más que nada, es la que sirve para presionar al gobierno a actuar.

¿Ha tenido contacto con la actual Administración sobre estos temas?
Sí. Como es un problema difícil, no soy optimista, pero sí hay políticos que entienden muy bien el problema y están tratando de mejorar la situación. Por cierto, el problema del congestionamiento está íntimamente relacionado con la contaminación: a medida que sea más eficiente el sistema de transportes, que es hoy lo que más contamina, con las tres cuartas partes, mejoraría también la calidad del aire. Lo que pasa es que, además de mejorar el transporte, tenemos que tomar medidas para renovar la flota vehicular: poco a poco tenemos que quitar de la circulación los coches y camiones que más contaminan. Esto requiere una estrategia: no se puede tomar una decisión a puerta cerrada del gobierno, sino con el consenso de todos los interesados, diseñando incentivos, plazos adecuados, facilidades para comprar vehículos nuevos… Lo fundamental es que estos problemas tienen solución. Tenemos ejemplos muy claros de ciudades que funcionan mejor y ciudades que funcionan peor. Lo que necesitamos es cambiar la percepción de la gente de que todo lo que implique poner restricciones a su comodidad hay que evitarlo, y todo lo que implique pagar más va a hacer que las contribuciones acaben en manos del gobierno para usos que no van a beneficiarlos a ellos. En la medida en que el costo adicional de la medida eventual sea transparente, y siempre que esos recursos se usen, por ejemplo, en beneficio de una buena red de transporte público, la gente lo aceptaría. Sólo hay que

 Letras libres


Imagen de La Tercera



Capa de ozono en el 2008



12 de mayo 2010.-REINO UNIDO 
 A los científicos y a los ecologistas les gusta especialmente la historia del llamado agujero de la capa de ozono:
 en menos de 20 años se predijo el problema (y después mereció el Nobel), se midió sobre la Antártida y se alcanzó un acuerdo internacional (Protocolo de Montreal, 1987) para prohibir el uso de los compuestos químicos que destruyen el ozono. 
Este mes se cumplen precisamente 25 años del primer anuncio, en mayo de 1985, del adelgazamiento acusado -agujero- de la capa de ozono sobre el continente blanco. Los científicos han celebrado una jornada conmemorativa en la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y ha explicado que el grosor de la capa de ozono sobre la Antártida recuperará, en 2080, los niveles de 1950. El paralelismo con el cambio climático no ha podido faltar, pero en este caso teñido de pesimismo, no por falta de conocimiento científico, sino por falta de un acuerdo político eficaz que ataje el problema.

Joseph Farman, Brian Gardiner y Jonathan Shanklin, del British Antarctic Survey (BAS) , informaron, en mayo de 1985, en la revista Nature, acerca del descubrimiento del adelgazamiento de la capa de ozono sobre el continente blanco, en la primavera austral. La revista científica lo recuerda con un artículo de Shanklin en el que cuenta cómo se produjo aquel hallazgo en la estación antártica Halley, al constatar que los valores más bajos de ozono a mediados de octubre (primavera allí) habían caído un 40% entre 1975 y 1984.
"Había ya entonces preocupación acerca de que los CFC [clorofluorocarbonos] podían destruir la capa de ozono, que está a una altura entre 10 y 35 kilómetros sobre la superficie terrestre y que protege a la humanidad de más del 90% de la dañina radiación solar ultravioleta", recuerda Shanklin. Los satélites permitieron constatar que el agujero de la capa de ozono se extendía sobre todo el continente.

Fueron otros científicos, antes que estos tres expertos del
British Antarctic Survey (BAS), quienes hicieron sonar la alarma con sus estudios acerca de la química atmosférica y la destrucción del ozono por las reacciones de compuestos como los CFC utilizados en los aerosoles y refrigerantes. Por aquellos trabajos de los años setenta recibieron el Nobel de Química, en 1995, Paul J. Crutzen, Mario J. Molina y F. Sherwood Rowland.

¿Qué es la capa de ozono?
La capa de ozono es una pantalla natural que filtra la radiación ultravioleta de la luz solar nociva para los seres vivos, capaz de provocar en las personas quemaduras de piel, cáncer y cataratas. 

 ¿Cómo esta conformada la molécula de ozono?
Una molécula de ozono está formada por tres átomos de oxígeno y en la estratosfera se concentra en una banda a una altura de unos 20 kilómetros. Hay una molécula de ozono por cada 100 mil moléculas de aire, explica el BAS. Se genera ozono cuando la radiación ultravioleta rompe moléculas de oxígeno, y se destruye por reacciones químicas del cloro y del bromo, emitidos a la atmósfera en los CFC y los halones.

En los ochenta se emitían 500 mil toneladas de CFC al año, alcanzándose un valor acumulado de 30 millones de toneladas en la atmósfera, una sexta parte de las cuales llegaban a la estratosfera, informa la Unidad de Coordinación de Investigación del Ozono de la UE.

Aunque la destrucción del ozono no se limita a la Antártida, el agujero antártico se debe a la meteorología allí y al frío extremo durante el invierno, que reactiva la producción de cloro y bromo a partir de los gases contaminantes; cuando llega la luz de primavera se acelera la pérdida de moléculas de ozono.
 "Hoy comprendemos bien la física y la química que gobiernan la capa de ozono", dice Shanklin. "Los niveles mínimos de ozono han sido constantes en los últimos 15 años, en un 70% por debajo de los niveles de finales de los setenta".

En cuanto a los destructivos CFC -prohibidos desde 2000 por el Protocolo de Montreal y sustituidos por los compuestos alternativos en sus usos industriales- su nivel alcanzó el máximo en 2001 y luego empezó a decrecer. Pero su efecto es duradero y el agujero antártico sigue apareciendo cada primavera; en 2006 se registró su mayor extensión: 28 millones de kilómetros cuadrados.
Fuente ELPAIS.COM

 https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/9/91/F._Sherwood_Rowland.jpg/200px-F._Sherwood_Rowland.jpg

Sherwood Rowland escribió su polémica investigación sobre el desgaste de la capa de ozono en 1974.
Fue el primero que sospechó que la capa de ozono que protege a la Tierra se estaba acabando debido a sustancias químicas fabricadas por el hombre. El estadounidense Sherwood Rowland, de 84 años de edad, murió este lunes dejando una estela de investigaciones científicas que, no obstante, fueron ridiculizadas en su momento.

13 de marzo de 2012.-
En 1974 Rowland trabajaba como profesor de química en EE.UU. cuando escribió un polémico artículo sobre los peligros de los CFC, los cloroflurocarbonos. La comunidad científica y la industria químico no sólo no lo tomaron en serio sino que se burlaron de sus hallazgos.
“Sistemas biológicos enteros, incluyendo los seres humanos, estarían en peligro al estar expuestos a los rayos ultravioletas” 25 años del agujero en la capa de ozono. Se forma un agujero de ozono en el Ártico Ecuador recibe más rayos ultravioleta, veinte años después el científico recibía el premio Nobel de química por su trabajo.
Investigador de la Universidad de California en Irvine (UCI) compartió el premio con Mario Molina del Instituto de Tecnología de Massachusetts y Paul Crutzen, del Instituto Max Planck de Química en Mainz, Alemania.
“Hemos perdido a nuestro mejor amigo y mentor”, señaló el decano de Ciencias Físicas de la UCI Kenneth Janda, al conocer la muerte de Sherry como le llamaban sus amigos.
“Salvó al mundo de una enorme catástrofe. Nunca vaciló en su compromiso con la ciencia, la verdad y la humanidad”, subraya Janda.
Rowland y los cálculos de sus colegas llevaron a finales de la década de 1970 a algunas restricciones al uso de los CFC, que eran ampliamente utilizados como refrigerantes, en aerosoles, solventes y agentes para hacer espumas.
Sin embargo, no fue hasta 1985 cuando se le dio impulso a un tratado de prohibición de los CFC, el llamado Protocolo de Montreal. Ese año se confirmó que los productos químicos estaban provocando un agotamiento severo o “agujero” en la capa de ozono sobre la Antártida.
 El ozono, una molécula que se compone de tres átomos de oxígeno, es el responsable de filtrar la radiación ultravioleta dañina del sol.
El gas se produce y se destruye constantemente en la estratosfera, a unos 30 km sobre la Tierra. En una atmósfera no contaminada ese ciclo de producción y descomposición se encuentra en equilibrio.
Los CFC y otras sustancias químicas restringidas en Montreal ascendían a la estratosfera y liberaban bromo y átomos de cloro que luego actuaban como catalizadores de la descomposición del ozono.
“Mario y yo nos dimos cuenta de que esto no era sólo una cuestión científica, sino un problema ambiental potencialmente grave que implicaría el agotamiento sustancial de la capa de ozono estratosférica”, detallaba Rowland. “Sistemas biológicos enteros, incluyendo los seres humanos, estarían en peligro al estar expuestos a los rayos ultravioletas”, explicaba el científico.

El agujero de la capa de ozono sobre la Antártida, que aparece en la primavera austral debido a la meteorología singular del polo, se ha estabilizado en los últimos años.
El agujero correspondiente al Ártico alcanzó su medida más grande en 2011, pero al igual que el sur se espera una recuperación a largo plazo ahora que el uso de los CFC está muy restringido.
 galimatikciencia


 02 de octubre 2015

El agujero en la capa de ozono antártica ha alcanzado este mes uno de sus mayores tamaños de la historia. Según reportan los científicos de la NASA, el 2 de octubre de 2015 se expandió a su punto máximo: 28,2 millones de kilómetros cuadrados, un área mayor que América del Norte. 
Los científicos de la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica señalan que el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida, que normalmente alcanza su área de pico anual entre mediados de septiembre y principios de octubre, se ha formado más lentamente este año, pero se ha expandido rápidamente cubriendo un mayor área de valores bajos de ozono que en los últimos años.
Según los científicos, la capa de ozono de la Tierra está en camino de recuperación, pero los residentes del hemisferio sur tienen que estar en alerta ante los altos niveles de UV las próximas semanas.
El científico principal de la División de Investigación de la Atmósfera y el Medio Ambiente de la Organización Meteorológica Mundial, Geir Braathen, explicó en un comunicado: "Esto nos muestra que el problema del agujero de la capa de ozono está todavía presente y tenemos que permanecer atentos. Pero no hay motivo para una alarma excesiva".
"No obstante, podemos seguir viendo grandes agujeros de ozono en la Antártida hasta alrededor del 2025, debido a las condiciones climáticas en la estratosfera y porque los productos químicos destructores del ozono permanecen en la atmósfera durante varias décadas después de haber sido eliminados", agregó Braathen.

 actualidad.rt.com

sábado, 31 de octubre de 2015

Nuevos conceptos para generar conmbustible Limpio

21 de abril 2014.-
Los paneles solares se están convirtiendo en un sitio familiar en las comunidades de todo Estados Unidos, pero ¿qué pasa con los combustibles solares? 
 Un combustible solar se produce a partir de la luz solar a través de la fotosíntesis artificial, imitando lo que la madre naturaleza ha estado haciendo durante miles de millones de años. 
 Muchos químicos e ingenieros químicos están trabajando para hacer combustibles solares una opción viable en el futuro. De hecho, hay incluso una en todo el mundo "Ejército Solar" en el trabajo, y el profesor de química del Instituto de Tecnología de California Harry Gray se conoce como su comandante general!

Gray es director de (NSF) de la Fundación Nacional de la Ciencia Centro de Innovación en Química Combustibles Solares (Solar CCI). Sus tropas son cientos de investigadores de alto nivel y estudiantes ansiosos que están en una misión para encontrar un catalizador de óxido de metal que puede activar la energía de la luz solar por la deconstrucción y transformación de moléculas de agua en combustible de hidrógeno - a gran escala ya un precio asequible.
Hasta ahora, los catalizadores más eficaces han requerido, metales preciosos caro, como el platino. Pero, estos químicos esperan identificar nuevas, mucho menos costosos catalizadores, lo que haría combustibles solares una opción más asequible la energía renovable.
"La comprensión de la ciencia detrás de la conversión de la luz solar para un combustible químico es un gran desafío para los químicos. Este equipo de químicos e ingenieros químicos es mejorar nuestra comprensión de los procesos químicos fundamentales e inspirar a la próxima generación de científicos", dice Jacquelyn Gervay-Haya, director de la División de Química en la Dirección de la NSF de Ciencias Matemáticas y Físicas.
 
CCI Solar ha jugado un papel de liderazgo en la investigación fundamental en esta área, frente a los desafíos de ciencias básicas en la producción de combustible solar desde la creación del centro en 2005 y el fomento de la creciente comunidad nacional e internacional de investigación combustibles solares. CCI Solar es uno de los centros financiados por la NSF para la Innovación Química centros --research centrado en grandes, a largo plazo los retos de investigación química fundamental. ICC que abordan estos desafíos producirá investigación transformadora, conducir a la innovación, y atraer a un amplio interés científico y público.
La investigación en este episodio fue financiado por premio NSF # 0802907, ENCENDIDO DEL PLANETA: Un Enlace químico Center en la conversión directa de la luz solar en combustible químico.

CCI Solar - un Centro NSF para la Innovación en Combustibles Solares
Reunión Anual del 5 al 7 de febrero 2016

 CI investigación Solar se centra en uno de los "santos griales" de-química siglo 21 - la conversión eficiente y económica de la energía solar en combustible químico almacenado. CCI investigadores solares se dirigen a la ciencia crítica que sustenta la descomposición solar-accionado del agua en hidrógeno y oxígeno. Los beneficios tecnológicos, ambientales, económicos y sociales de los combustibles solares renovables no puede ser exagerada: todo ser humano en la Tierra se vería afectada por el desarrollo de los recursos energéticos sostenibles. El equipo de investigación solar CCI participa activamente para llevar este objetivo a buen término. (Descripción del proyecto)
Centro de Innovación en Combustibles Solares